Sr. Profesor. Galo Etero García Idrovo.
Para "EL GONZALINO"

Junio15, 2003

Todo depende del cristal con que se mire, solíamos decir antaño cuando escuchábamos criterios diferentes sobre temas discutibles. Cada uno de nosotros piensa y actúa desde un determinado pedestal que hemos erigido en el interior de nuestras vidas.

En el sector educativo las cosas no pueden ser diferentes, desde el mismo hecho que siendo el factor más preponderante en el desarrollo social, éste se ha prestado a una serie de cuestionamientos que en el presente artículo intentaremos dar nuestra opinión.

Los profesores del cual soy parte acusamos a los gobiernos de turno de ser los causantes del descalabro educativo, porque no asigna la cantidad contemplada en el presupuesto nacional.

El gobierno y la sociedad, acusa al magisterio, de estar politizado y que todos sus reclamos obedece a consignas partidistas. Los de la educación primaria acusa al pre-escolar, y los de la educación secundaria se quejan del descalabro , a la primaria. La universidad reniega del bajo nivel con que llegan los estudiantes y finalmente, es la sociedad la que no confía de los profesionales que gradúa.

El magisterio culpa a los padres de familia por falta de colaboración en el control de sus hijos. Los alumnos como es natural también culpan a sus profesores de quienes se sienten víctimas y de lo cansado que resultan sus clases; o en su defecto de sus padres de no proporcionarlos los medios necesarios para poder cumplir con su labor educativa. En fin nadie quiere admitir la culpa y asumir responsabilidad. Sin embargo creo con honestidad que todos somos culpables de la crisis educativa.

Culpables son los gobiernos que cada vez que se acerca un período eleccionario, dicen priorizar a la educación si son elegidos; y una vez elegidos lo que menos hacen es preocuparse de este problema.

Culpables son muchos funcionarios que hicieron de sus cargos la oportunidad para su acomodo personal antes que para el servicio a su comodidad, que miraron sin importarles nada e incluso fueron cómplices de la corrupción, el abuso, el quemimportismo.

Culpables somos los educadores que no hemos creído en nuestro oficio, que a veces hemos optado por esta carrera sólo como una manera de ganarnos la vida, más no como una profesión; que no incluyeron su propia autoformación y perfeccionamiento como una prioridad en su plataforma de reivindicaciones y como un imperativo en su agenda personal.

Culpables son los directores y rectores que hicieron de su posición un trono antes que un compromiso, que hicieron de su autoridad más para controlar y sancionar a quienes no piensen como ellos, antes que premiar y estimular el profesionalismo y la creatividad del personal docente. Que han desaprovechado la oportunidad para hacer de sus escuelas y colegios, verdaderos laboratorios de experimentación y centros modelos capaces de inspirar y emular a otros.

Culpables son los padres de familia que se desentendieron de la educación de sus hijos y la abandonaron cómodamente en manos del aparato escolar, evitando las reuniones, callando la crítica, anulando su propia capacidad de pensar y proponer, en definitiva pidiendo cuenta o ejerciendo un control social a la labor de los maestros.

Culpables son los alumnos que continúan pidiendo del sistema escolar menos estudio, más vacaciones y feriados, más profesores ausentes para gozar de horas libres, en lugar de exigirles más calidad y eficiencia.

En fin de todos somos culpables. Todos los que permitimos y seguimos permitiendo que la educación sea tratada como una actividad de segundo ó tercer orden. Asumamos responsablemente nuestro verdadero rol y no creamos que esta labor es asunto de otros o culpa de los demás.

 

 

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