Escribe: Mauricio Riofrío Cuadrado *

20 - Dic - 2002

No cabe ninguna duda, que en los últimos tiempos Alausí, en sus formas, ha cambiado para mejor, hoy la ciudad tiene una cara diferente, el buen gusto es una constante en el desarrollo arquitectónico del cantón, a pesar de que desde su nacimiento la naturaleza ha sido generosa con este pueblo que siempre mereció dirigentes probos, honestos y que sientan sus problemas como propios.

 Lastimosamente, en décadas pasadas el caudillismo malsano, el cacicazgo de la peor especie y la indiferencia de todos, nos llevó a tocar fondo y a presagiar un futuro triste.

 Sin embargo, hoy es la hora de sentirse parte intrínseca del desarrollo de Alausí, es hora de adoptar actitudes proactivas y de compromiso, de no dejarnos vencer ni por la maledicencia ni por la vanidad, es hora de promover un diálogo frontal, respetuoso y sobre todo sincero, aceptando nuestras diferencias políticas e ideológicas con caballerosidad y altura, que lleguemos a un primer acuerdo: que estamos en descuerdo, que pensemos que las cosas se pueden hacer con diferente estilo, pero que en la recta final siempre nos vamos a encontrar.

 Alausí vale la pena el sacrificio, la familia, los amigos y la inconmensurable felicidad que vivimos en sus calles y plazas y que hoy son un recuerdo que crece incesantemente, son suficiente motivo para ceder posiciones absurdas, para elevar el nivel de la discusión, para no dejarse invadir de resentimientos sociales, tanto de los unos como de los otros.

 ¿Quién da el primer paso? Pues sin duda, las autoridades actuales son las llamadas a involucrar a la comunidad en la solución de sus problemas, a comunicarse con su gente, a cogobernar con la mayoría, a participar de sus acciones y con ello, hacer que la gente se apropie de su pueblo. La comunidad en cambio, está obligada a responder con entusiasmo. Si lo están haciendo es digno de felicitación, si lo hacen a medias es hora de la rectificación, pero si no lo han hecho la sanción se impone.

 Ya sé, que a la distancia es fácil hablar y proponer cosas para que las cumplan otros, pero nadie, absolutamente nadie, por más que se encuentre donde las “papas queman”, puede negarnos el derecho a expresar lo que sentimos.

 Estoy convencido de que si la voluntad se da, podemos progresar, quien no lo crea que se calle, porque lo que más molesta de una calumnia, es la maldad de la persona que la forja, ya basta de inventar cosas, en bien o en mal, luego decirlo e intentar que una partida de tontos lo crean.

 * Abogado y Periodista

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